Podemos Rinconada

Democracia y los márgenes de la libertad de expresión

Tras la detención de una persona ayer, las redes sociales se han llenado de comentarios xenófobos, racistas y de odio. La nacionalidad no es un detonante ni una condición para la actividad delictiva: es la Justicia quien determina la culpabilidad, como con cualquier otra persona, sea cual sea su origen.

Discursos de odio
Discursos de odio

Tras la detención de una persona ayer, las redes sociales se han llenado de comentarios xenófobos, racistas y de odio. La nacionalidad no es un detonante ni una condición para la actividad delictiva: es la Justicia quien determina la culpabilidad, como con cualquier otra persona, sea cual sea su origen.

No todo vale en democracia, y no toda opinión se ampara bajo la libertad de expresión. En estos días hemos leído que habría que «tirar a alguien a una cuneta», «golpear con una pala en la cara» o convocar «la caza de moros». La historia nos ha demostrado sobradamente adónde llevan estas expresiones: a una España en blanco y negro, represiva, de porra fácil y paredón. Una España a la que, en democracia, no podemos permitirnos regresar.

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Que estas soflamas sean cada vez más sonadas y más numerosas dice algo: que quienes defendemos la democracia tenemos que hablar de lo que de verdad importa, que es solucionar la vida de la gente, no alimentar fantasmas.

Exigimos que los partidos bajo cuyas alas se cobija, enseña e incita a verter odio en los espacios comunes condenen con energía la violencia que están generando. En el Pleno reclaman la condena de todas las violencias, vengan de donde vengan. Esta es su oportunidad de demostrarlo.