El año 2024 nos exige abandonar la zona de confort de la protesta permanente y movernos hacia un terreno más complejo: el de la propuesta. Hacer política útil no es renunciar a la crítica, sino decidir que la crítica deja de ser el destino final. Escuchar a los vecinos, entender por qué duele lo que duele y empujar soluciones desde dentro de la institución es un ejercicio de madurez democrática. Y duele, sí, porque implica asumir responsabilidades en lugar de señalar desde la grada.
A lo largo de este 2023 hemos consolidado una forma distinta de trabajar: más calle, más conversación y menos dogma. Las reuniones con asociaciones, con técnicos, con colectivos pequeños que rara vez son escuchados, han cambiado nuestra brújula. La prioridad ya no es imponer un relato, sino entender uno compartido. Porque la experiencia vecinal real es la única que no miente.
Estos acuerdos programáticos reflejan ese camino. No son un catálogo de promesas ni una lista para presumir, sino un compromiso práctico: coger cada problema y buscar un punto de entrada para resolverlo. A veces visible, a veces silencioso, pero siempre honesto. Y sobre todo, viable. La política sin viabilidad es poesía; la política con viabilidad es servicio público.
Cerramos 2023 con una conclusión clara: cuando la escucha es real, las instituciones cambian. Y cuando las instituciones cambian, la vida de la gente también. Ese es el único objetivo.
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